Estaba metido en el mundo
del arte para reunir la atención de una gran audiencia; cuando las personas tenían
los ojos sobre él, se daba la vuelta y sacaba de un lugar oculto una
pintura que dejaba al público estupefacto. La irreverencia que lo caracterizaba se mezcló con diferentes corrientes artísticas: dadaísmo, surrealismo, cubismo y fauvismo. Un día
dijo: “Soy un monstruo, entre mi cabeza y mis manos siempre está la cara de la
muerte”
A los 17 años estudió en la Escuela de Artes Decorativas de París. Entonces tenía una inclinación hacia el impresionismo, pero lo dejó cuando descubrió que sólo era un género ‘decorativo’ que terminaba en los salones burgueses de Francia. Se burló del trabajo de Monet, Renoir y Degas para después viajar a Nueva York donde conoció a Alfred Stieglitz, fotógrafo de gran carácter que luchó para trascender la fotografía a una categoría artística. Con su ayuda Picabia tuvo una magna presentación en el Armory Show. En ese entonces su obra estaba conformada por elementos cubistas experimentales, al cual llamaron cubismo órfico por la gran gama de colores y movimiento de las formas.
A los 17 años estudió en la Escuela de Artes Decorativas de París. Entonces tenía una inclinación hacia el impresionismo, pero lo dejó cuando descubrió que sólo era un género ‘decorativo’ que terminaba en los salones burgueses de Francia. Se burló del trabajo de Monet, Renoir y Degas para después viajar a Nueva York donde conoció a Alfred Stieglitz, fotógrafo de gran carácter que luchó para trascender la fotografía a una categoría artística. Con su ayuda Picabia tuvo una magna presentación en el Armory Show. En ese entonces su obra estaba conformada por elementos cubistas experimentales, al cual llamaron cubismo órfico por la gran gama de colores y movimiento de las formas.
“Se
enfrentó contra los mecanismos que conceden aceptación y valor económico al
arte y “puso en tela de juicio las distinciones entre el arte de alto nivel y
el Kitsch”.
Creó murales y collages
como “Femme aux Allumettes”, influido por las obras automáticas del
Surrealismo. A diferencia de los demás surrealistas, Francis Picabia era
mordaz con sus críticas y se aventuró a publicar el libro “I Am a Beautiful
Monster”, documento que reunió poesía, prosa y ‘provocación’. Del lado de la
pintura sacó la serie “Transparencias”.

gracias por tu informacion
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